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Y no podeis imaginar el gusto que me da tener el electroencefalograma concavo. Se es tan feliz siendo boba... Por eso siempre tengo enchufado mi televisor, en el que veo, una y otra vez, mis programas favoritos. Aquí va el top 10 de lo mejor de la historia de la caja tonta.
Sí, yo estaba entre aquellos que querían subirse a la nave nodriza, comer ratones con Diana y darle de tortas a la sinsorga de Julie. También fui de aquella masa que contribuyó a que las ventas de TeleIndiscreta alcanzaran cotas inimaginables para esta inefable revista. Todo gracias, al fabuloso merchandising de pegatinas y polímeros varios que comercializaban. En fin, qué tiempos. Una siempre ha sido un poco lagarta, y sobre todo, Visitante.
It´s a story, of a lovely family... adorable canción para una adorable y mantecosa familia. El empalague llevado a la televisión produce series como esta. Antecedente de Los Problemas Crecen (¿ande estás Kirk Cameron?) y subproductos americanos del estilo. En España, Medico de familia no le llega ni a la suela de los zapatos. Para los amantes de la estética retro y la ñoñería dialogada. Ver con palangana al lado.
Creo que gran parte de lo que sé se lo debo a Barrio Sésamo. Aprendí a contar, la diferencia entre lejos y cerca, y que para bañarse, es estrictamente necesario un patito de goma. Nunca me he perdido la cita de las cinco de la tarde con esta galería de personajes de la factoría Jim Henson. Aquel programa era lo único que comprendía en mi infancia. Y no siempre. Una es un poco lenta, y había cosas muy complicadas.
Curso intensivo sobre cómo ser mala malísima y no tener escrúpulos. Angela Channing, una delicia de persona. La abuelita que todos quisiéramos tener. Y una serie de personajes, cada cual más lerdo, de comparsa. El único salvable, Chao Li (Chu Li en versión castiza), el cómplice oriental que con su silencio otorgaba todas las maquinaciones de la Channing. Los viñedos y tal, una excusa para darle a la cosa más glamour si cabe.
Mi memoria televisiva comienza con este programa, los viernes por la noche, en casa de mi abuela. El más completo concurso de la historia de la televisión, con Mayra Gómez-Kemp leyendo tarjetitas verdes a concursantes amigos y residentes en Torrejón de Ardoz, sufridores, Tacañones, una calabaza que luego fue un chollo y un deseado apartamente en Torremolinos. Formato argentino, con la personalidad de Chico Ibañez Serrador.
Uno para todos y todos para uno. Otro clásico de la televisión. Y una de las pocas ideas brillantes que ha tenido TVE. Cultura para los niños. Los mismo autores también realizaron otra obra maestra La vuelta al mundo en 80 días, más conocida como Willy Fogg. En este caso, es la obra de Alejandro Dumas, en la que, por supuesto, hay los malos malosos contra los que luchar y repartir mamporros. Argumento universal, como verán.
Más de mamporros. Esta vez japoneses. La serie que abrió camino a Bioman o Power Rangers. Mala factura, monstruos látex-goma de borrar, y guión digno de elogio. Estructura la mar de simple, las batallas se ganan cuando sacan al robot gigante hecho a base de cajas de galletas Cuétara. Y todo vuelve a la normalidad, gracias a estos sujetos con técnicas de artes marciales que rozan el ridículo. En un Japón de los 70-80 la mar de entretenido.
Vamos de paseo, pi, pi, pi, en un coche nuevo, pi, pi, pi. El lanzamiento a la fama del que algunos dicen que es el AntiCristo, David Hasselhoff. Aunque realmente, el que merecía la pena y hacía todo el curro era el coche, que sacaba de todos los apuros al muy pringao. Cómo se subía al camión en marcha sigue siendo una incógnita para mí.
Las series sobre High Schools americanas merecen capítulo aparte. Degrassi es digna de mención, primero porque es de las primeras que pude disfrutar, segundo porque no es estadounidense sino del Canada. Embarazadas, niñas que se disfrazaban en los baños, niños que se tiraban de un puente en pleno viaje ácido... Tenía de todo. Estética ochentera a más no poder. Una delicia de cole.
El barco más insoportable de la historia de la televisión. Si hubiera que elegir a quién tirar por la borda, la decisión sería más que difícil. Subirse al Barco del Amor, es el peor plan que se me ocurre para unas vacaciones en el mar. Empalagosa hasta la náusea, no apta para aquellos con tendencia al mareo. Se recomienda palangana al lado.